Al releer las notas que ayer publiqué en este blog, me doy cuenta de que para ti, lector imaginario, las opiniones vertidas sobre esta comarca que ahora habito pueden resultarte un tanto sorprendentes. No era mi intención de ningún modo elaborar un retrato caricaturesco de una tierra en la que, quizá ayer no dije, me siento francamente a gusto, Hablaba de una "u-topía muy poco utópica", y quizá tú, lector que no conozco, pensaste que el guión se debía a un error de teclado (de los que nunca, dicho sea de paso, consigo librarme, para alimento de mis pesadillas). Pero no era esa la razón del guión que separa la -u- del resto del nombre, sino muy al contrario, en ese guión quizá resida la mejor metáfora que puedo articular sobre este mundo en el que se desenvuelven ahora mis días.
Sabes bien que el término "utopía" tiene dos raíces posibles y, paradójicamente, muy complementarias. Así, utopía puede derivarse tanto de "u-topos" como de "eu-topos": en el primer caso, hablamos de un lugar que no existe (como el limbo de los justos que la Iglesia ya ha declarado inexistente); en el segundo, hablamos del mejor de los mundos posibles, y por ende, también inexistente. No quiero enredarte con juegos de palabras, pero sí me gustaría afinar mi expresión para que ni tú, ni nadie que por error pueda leer este blog, se llame a engaño.
Laredo existe en un lugar que no es, aunque figure en los mapas hasta el más mínimo detalle, con sus calles, sus carreteras y ese río Grande/Bravo (ya te hablaré de esa dualidad onomástica) que delimita al sur su contorno geográfico. Y es en ese "no ser" donde reside, precisamente, su grandeza. En un mundo de categorías estancas, donde el negro no es blanco ni la mujer es hombre; donde el anglo no es hispano ni el hispano es indio; donde la guerra del color y la guerra del género han suplantado a la lucha de clases; donde las religiones aún campas a sus anchas, residir en el limbo es una paradoja privilegiada. No pienses pues, lector, que reniego del sitio que habito. Muy al contrario, es este espacio ontológico del no ser el que, ahora lo sé, he buscado de forma inconsciente a lo largo de mi mi vida.
Si tienes la paciencia de volver a estas páginas, te iré desgrando razones menos filosóficas que hacen de mi residencia aquí una feliz experiencia. Te hablaré de sus gentes, de los alumnos que se sientan en mi aula, de ese río de aguas cargadas de memoria, y de esos ecos que me llegan de una patria cada vez más difusa en el recuerdo.
Y si no, lector amable, queda con dios y no dejes de buscar, perdona mi osadía al recomendarlo, tu propia frontera.
lunes, 19 de abril de 2010
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Querido Manolo:
ResponderEliminarCreo ser tu primer comentarista: ¡qué honor! Me alegro mucho de tu inciativa, porque, aparte de leer las interesantes cosas que cuentas, seguir tu blog será tenerte un poco más cerca. Y eso está muy bien, pues, como sabes, por estas tierras que cada vez ves más lejanas, algunos te queremos mucho. Que no decaiga.
Muchos abrazos fuertes. Miguel.
Querido Manolo:
ResponderEliminarCreo ser tu primer comentarista: ¡qué honor! Me alegro mucho de tu inciativa, porque, aparte de leer las interesantes cosas que cuentas, seguir tu blog será tenerte un poco más cerca. Y eso está muy bien, pues, como sabes, por estas tierras que cada vez ves más lejanas, algunos te queremos mucho. Que no decaiga.
Muchos abrazos fuertes. Miguel.