domingo, 18 de abril de 2010

La desmemoria de la memoria,

En esta mañana dominical me dedico a navegar por las páginas de El Pais, mi cordón umbilical con España, y me topo con una noticia muy al final de la página principal que me ha dado que pensar. El título, "Alianza Popular sostuvo que la amnistia de 1977 no era 'buena medicina'. En ella se da cuenta de las declaraciones que diversos políticos de la democracia preconstuticional hicieron en el Parlamento durante los debates previos a la aprobación de la ley que ponía punto y final (¡cuánta ingenuidad la de entonces!) a los horrores de la Guerra Civil e instalaba al país en la desmemoria colectiva. Era el sacrificio ritualístico de la memoria histórica, acto purgativo que eliminaba de un plumazo décadas. si no siglos, de una España ignominiosa y maniquea, para abrazar la llegada de la Democracia, esa nueva diosa de manto blanco que prometía el mejor de los gobiernos a una sociedad sedienta de justicia.

En ese debate, Antonio Carro, antiguo ministro franquista y flamante diputado de AP, sentenciaba con una visión profética la incoherencia de la ley: ""Operar con el concepto de amnistía, que borra el delito, para hechos atroces de muerte a sangre fría, implacables, proyecta dudas sobre la legitimidad de tales hechos, lo que puede resultar socialmente intolerable y gravemente pernicioso". Contundente argumento que debería haberse inscrito en letras de oro en los muros solemnes del Parlamento para recuerdo y aviso de generaciones venideras. La clarividencia, queda claro, no es patrimonio de la izquierda ni de la derecha, sino de las mentes preclaras que aciertan a atisbar los riesgos que a veces conllevan las buenas intenciones.

En ese mismo debate, parlamentarios de izquierdas defendían a capa y espada la ley de la desmemoria. Así, Marcelino Camacho, insigne comunista, no dudaba en afirmar: "La amnistía es una política nacional y democrática, la única consecuente que puede cerrar ese pasado de guerras civiles y cruzadas. (...) Nosotros, precisamente, los comunistas que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. (...) Pedimos amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiera estado nadie. Yo creo que esta propuesta nuestra será, sin duda, para mí el mejor recuerdo que guardaré toda mi vida de este Parlamento". En similares términos se expresaban otros parlamentarios, quienes veían en la amnistía una catarsis imprescindible para devolver la salud a España, un purgativo que permitiera al pueblo español evacuar los humores malignos de la memoria, después de un estreñimiento de décadas.

A la luz de lo que ahora sucede en ese suelo hispano que observo desde la distancia, aquel debate parlamentario no deja de sorprenderme. Entiendo que en aquel momento, con las cárceles franquistas atestadas de presos políticos y una clase gobernante que nunca habría soñado verse enjuiciada por los atropellos y los desmanes cometidos en nombre del caudillo, unos y otros tenían sólidas razones para apoyar sus argumentos. Pero tres décadas después, veo que los que denunciaban los peligros de la ley de la desmemoria se aferran a esa misma ley para salvar sus traseros. Y aquellos que clamaban las bondades del olvido, abjuran ahora la desmemoria y abrazan la ley de la memoria histórica. Verdadero trabalenguas ideológico que pone al descubierto ese maniqueismo congénito que constituye la geología de España. y yo, desde la distancia, no entiendo nada, o quizá lo entienda todo demasiado bien...

Jorge Santayana, abulense transplantado a Nueva Inglaterra y exiliado como el que esto suscribe, nos dejó dos aforismos que vienen muy al caso: "Those who cannot remember the past are condemned to repeat it", es decir, aquellos que no pueden (o no quieren) recordar el pasado están condenados a repetirlo, y "Only the dead have seen the end of war", es decir, sólo los muertos han visto el fin de la guerra.

¡País!



http://www.elpais.com/articulo/espana/Alianza/Popular/sostuvo/amnistia/1977/era/buena/medicina/elpepuesp/20100418elpepinac_10/Tes

1 comentario:

  1. Sí, es muy triste querer dividir de nuevo a España, pero no hay que olvidar que el gran impulsor de ello es Zapatero. Hasta este "iluminado" se habían hecho grandes esfuerzos, si no por olvidar, al menos para aceptar las trágicas consecuencias de una guerra civil. Ahora ZP, Garzón y demás necesitan una nueva división, y los muertos estuvieron en ambos bandos, no sólo en uno, como ellos pretenden.
    Lo peor es que muchos se lo creen y le votan.

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