martes, 20 de abril de 2010

De ocelotes y hombres

John Steinbeck, autor cada vea menos leído a pesar de su Nobel y su conciencia de clase, publicó en 1937 una novela sobrecogedora titulada De ratones y hombres (Of Mice and Men). Es un relato que escarba en las miserias, pero también las grandezas, de las que somos capaces los seres humanos, en una época de depresión y hambruna que resulta muy parecida a estos tiempos que vivimos. Sus dos protagonistas, George y Lennie, encarnan a un Sancho y un Quijote prisioneros de un mundo donde los sueños están vedados a los pobres, que además pagan cara su osadía por tenerlos. Es esa novela un canto conmovedor a la nobleza humana, a la vez que denuncia implacable de las bajezas que esos mismos humanos solemos cometer. Lennie es un pobre analfabeto carente de luces cuya única obsesión es acariciar a otros seres vivos, sean ratones, conejos o personas. Pero en esa obsesión no existe ninguna impureza; muy al contrario, con ello busca Lennie espantar una soledad, que a mí se me antoja terrible, a través del contacto sensorial con otros cuerpos que como él encierran vida, aunque sea humilde e insignificante para aquellos que ostentan el poder de la granja.

No quiero desvelarte, amable lector que ahora sé que está ahí (qué alegría saber que algunos me leéis al otro lado del espejo, perdón, de la pantalla, a pesar de la infancia de este blog), el desenlace de una historia que a mí me parece imperecedera. Si alguna vez tienes un hueco en tus ocupados días, quiza te acuerdes de esta entrada y decidas navegar en esas páginas de Steinbeck, autor que merece ser recuperado a pesar de que muchos le acusen de impericia narrativa y carencias estéticas. En estos tiempos nuestros, leer a Steibbeck quizá nos devuelva la esperanza en ese ser humano que, nos guste o no, somos todos nosotros.

Ya sé, si has llegado hasta aquí, lector amigo, qué pregunta te ronda en ls cabeza: ¿qué demonios tiene que ver todo esto con el título de la entrada del blog? Espero que, si sigues leyendo un poco, encuentres la respuesta.

Ya te he hablado de mi exilio voluntario en tierras de Laredo, Texas, desde donde escribo y te dedico estas líneas. Este exilio que para mí es voluntario, a mis hijos les ha resultado impuesto. Es una imposición egoísta, no lo ignoro, que me produce quebraderos de cabeza y a mis hijos un desarraigo que quizá no merezcan. El tiempo nos dirá a todos, y de ello te hablaré en otro momento.

Pues bien, nuestra casa se ha convertido en una pequeña arca de Noé donde, además de nuestra perra Lúa (forzada también al exilio, aunque la pobre no protestase a pesar de verse en la barriga de un avión durante interminables horas), residen dos pececillos que nos tocaron hace poco en una rifa, además de una gata que es, ahora sí, el objeto real de esta entrada. Ya sé, lector amigo, que es un error imperdonable desvelar de qué va todo el asunto a estas alturas de la entrada.Cuento con tu benevolencia para seguir mi relato

Resulta que un buen día, cuando regresabamos a casa de las tareas cotidianas, se presentó a nuestra puerta una criatura curiosa, con todo el aspecto de un gato callejero, que enseguida se arrimó a las piernas de mi hijo para restregarse en ellas de forma zalamera. La criatura fue lista, pues de haber sido mías las piernas, el puntapié habría estado asegurado. Sea como fuere, el caso es que el bicho consiguió un sitio a la puerta de la casa, con su cajita y su manta y su comedero, donde pasar la noche. Y claro, la noche se tornó en días y, poco a poco, la bestezuela se fue apropiando de espacios cada vez más amplios: primero fue el garaje, después el jardín trasero y, un buen día sin comerlo ni beberlo, la criatura estaba dentro de la casa--donde por cierto ahora sigue, campando a sus anchas y tomándose incluso la libertad de encaramarse en nuestras camas.

Me dirás, lector amigo, que nada de esto merece ser contado pues, quien más quien menos, todos hemos tenidos criaturas pobres a la puerta de nuestras casas (cada uno sabrá qué hizo con ellas). Pero lo más curioso es lo que sigue: resulta que en estas tierras de Laredo abundan los ocelotes, criaturas felinas que apenas se distinguen de los gatos comunes y corrientes, pero que tienen una personalidad muy distinta de aquellos (o eso dicen). Y hete aquí que la bestezuela mendiga tiene más de ocelote que de gata (es, por si no lo había dicho, hembra). Y con ese descubrimiento, el dichoso bicho ha ascendido muchos escalafones en el aprecio de la familia. Mi hijo no consiente que la llamemos gata e insiste en referirse a ella por su nombre: ocelote (ignoramos si el sustantivo tiene forma femenina).

Ya no tenemos, pues, un gato callejero, sino una digna ocelote con visos de grandeza, y de repente nuestro hogar se ha convertido en residencia de, quién sabe, quizá una princesa heredera de la realeza maya, o azteca. Lo que me lleva a pensar en las categorías que manejamos para clasificar nuestro mundo y las gentes que lo habitan. Y a intuir que, quizá, sean todas categorías etéreas que responden a nuestro deseo de estar en la cima de todas ellas. Así, mientras una gata callejera nos contamina con su miseria, una oceltote nos ennoblece con su grandeza.

No quisiera terminar sin volver al principio de esta entrada. Cuando la gata/ocelote se acurruca en mi regazo, o al pie de mi cama, no puedo dejar de pensar en ese Lennie de Steinbeck y su anhelo por sentir el calor de otros cuerpos, ya sea de un mísero ratoncillo o del cabello de la hermosa y malhadada esposa de Curley, que nunca recibe nombre en la novela.

Y no dejo de pensar que todos somos Lennie. Y tembién de desear que, como nuestra ocelote, todos podamos encontrar esas caricias innocentes que a Lennie, pobre criatura, se le negaban sistemáticamente.

Y es que, de un modo u otro, todos somos Lennie (o acaso ocelotes).

P.D.- Otro día te contaré más de mis bichos.

10 comentarios:

  1. Queridos Manolo y familia:

    es estupendo saber de vosotros y de vuestras andanzas en tierras americanas a través de este blog. Desde luego, es una manera de teneros más cerca.

    Tus entradas son estupendas. Me han conmovido tus palabras sobre Lennie y sobre vuestra gatita u ocelote.

    Tu nueva seguidora-fan,

    Isa.

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  2. Miguel Díaz y García Conlledo21 de abril de 2010 a las 2:03

    Querido Manolo:

    Cristina ya nos había contado lo de vuestra ocelote. Mira lo que dice la RAE de tal animal:
    "ocelote.

    (Del nahua ocelotl, tigre).


    1. m. Felino americano de cerca de un metro y medio de longitud, de pelaje de color amarillento con rayas y lunares negros en todo el cuerpo, cola anillada, orejas negras y punteadas de blanco. Se encuentra desde Arizona hasta el norte de la Argentina".

    ¿Es la vuestra tan grande? La Wikipedia en español (http://es.wikipedia.org/wiki/Leopardus_pardalis) habla de un tamaño menor [El ocelote es un felino manchado de mediano tamaño, con una longitud de cabeza y cuerpo de 70 cm promedio, cola relativamente corta (un 45% de la longitud mencionada) y un peso en el entorno de los 11 kg.], aunque no está mal.

    Pero, en fin, todo esto es mera curiosidad.

    Tus reflexiones sobre Lennie y su necesidad de tocar me han encantado. Sin embargo, me temo que el pobre Lennie lo pasaría fatal en nuestra sociedad avanzada y políticamente correcta donde tocar está prácticamente proscrito ... y mirar casi también. Siempre decía, cuando mis hijas eran pequeñas, que necesitaba el contacto físico con ellas. Era fundamental. Algún sacerdote de la defensa de los niños actual me miraría como sospechoso de pederastia. En fin, que les den ...

    Abrazos fuertes. Miguel.

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  3. Querido Miguel, el tamaño no importa, mientras el ocelote sea ágil. La verdad que la nuestra es una ocelote más bien pequeña, pero con todos los rasgos típicos de esas bestezuelas. En cuanto a las caricias, en este país ya es delito mirar a los ojos durante más de dos segundos. ¡Qué cosas!

    Besos

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  4. HOla hermano! te sigo desde el otro lado del exilio!
    Fernando

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  5. Me ha gustado tu blog y tus reflexiones. He leido los comentarios de, supongo, tus amistades y esta frase me ha llamado la atención: "Algún sacerdote de la defensa de los niños actual me miraría como sospechoso de pederastia. En fin, que les den ...", de la cual discrepo. Presiento que la gran mayoría de los sacerdotes no mirarían como sospechoso a nadie, y menos de pederastia, ellos tienen muy presente la frase:"Dejad que los niños se acerquen a mí"; sin embargo, creo que sería más acertado pensar que muchos laicos son capaces de obscenidades para después atribuirlas a quienes ni lo imaginan. Siento la sociedad tan ingrata en la que vivimos y pregunto a Miguel ¿este comentario de pederastia en los sacerdotes (católicos, se sobreentiende)también es extensible a los musulmanes? o ¿ellos se libran de tales perversidades?. Creo que ningún ser humano se libra de las malas acciones y pensamientos, aunque hoy en día, según los progres, esto sólo ocurre a los católicos. Me asquea tanto sectarismo

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  6. Hola Manolo, me ha mandado Cristina un correo hablando de tu blog y acabo de entrar. Me ha sorprendido el título "memorias del exilio". Seguramente me sorprende porque para mí la palabra"exilio" tiene connotaciones negativas, y me he preguntado de qué o de dónde te habrás exilado.
    La historia de la gata-ocelote es muy divertida. Me estoy imaginando a Manuel y a Lucía contribuyendo poco a poco a abrir el espacio de la casa a la "bestezuela". No es de extrañar, si es verdad que ahí hasta mirar a los ojos es delito.
    Ya falta muy poco para que vengáis y podamos darnos unos buenos abrazos.Os quiero.
    Tu hermana. Rosa

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  7. Querido Manolo:

    Qué bueno saber de ti a través de estas reflexiones compartidas! Como sé por Cristina que estás trabajando como un cabrito, me he abstenido de mandarte algún mensaje, que bastante tiene uno con las obligaciones diarias como para tener que sacar tiempo de donde no hay para contestar.

    Ya me he puesto al día con las entradas anteriores, que me acercan a ese Laredo desconocido y a tus vivencias de exiliado, y con esta última, que junta dos de mis pasiones: John Steinbeck...y los gatitos! Del primero, y de sus Uvas de la ira, escribí en mi tesina, además de utilizar su Of Mice and Men en clase durante muchos años (Lennie, George, Candy, Crooks y Slim me ayudaron en esa época a hablar de la pobreza y la desigualdad, pero también de la soledad, la amistad y los sueños compartidos; de los otros, los gatitos, ya te hablaré con más calma en otros momento, pero me han acompañado desde mis primerísimos años hastas estos días, en los que May y yo andamos liados con cuatro de ell@s, todos callejeros...y hermosos, y suaves, como los ratoncitos de Lennie.

    Un fuerte abrazo, amigo

    Víctor Junco

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  8. Me he confundido con el título, no "es memorias del exilio" sino "reflexiones de un exiliado". Bueno, en todo caso espero que no te sientas demasiado exiliado. Hasta pronto. Rosa

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  9. Miguel Díaz y García Conlledo21 de abril de 2010 a las 14:08

    Amigo anónimo:

    Pues, aunque podría decir cosas de ellos, ni por la cabeza se me habían pasado los sacerdotes católicos ni de ninguna otra religión (que no sé si se llaman así) cuando hablé de "sacerdote de la defensa de los niños actual". Podría haber dicho "gurú", "iluminado", "guardián", etc. En realidad, pensaba en los abanderados de lo políticamente correcto y de la hiperprotección (creen ellos) del ciudadano. Pero ya veo, ya, dónde está más bien el sectarismo. Y difícilmente me verá, amigo anónimo, defendiendo las cosas en las que Vd. piensa de los musulmanes. Quienes me conocen saben que soy un pensador (por) libre, nada sectario, y que critico lo que me parece mal esté donde esté. Sin que nada impida que me considere persona de izquierdas (si es que muchos "izquierdistas" -en Cuba, Venezuela, pijo-progre-landia, etc.- dejan que eso signifique algo o algo digno todavía) y sea ateo (o agnóstico con fuerte tendencia al ateísmo), eso sí, tranquilo. Curiosa su mala interpretación de mis palabras, desde luego. Tú, sin embargo, sí lo has entendido, como demuestras con lo que dices de "ese país" (grande en otras cuestiones, desde luego, pero en general desolador en ésa).

    Sed felices. Miguel.

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  10. Miguel Díaz y García Conlledo21 de abril de 2010 a las 23:22

    El tú final se refiere a Manolo, por si quedan dudas. Abrazos fuertes. Miguel.

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