Me confieso perezoso. Llevo días pensando en reabrir el blog después del obligado periodo vacacional, saludable costumbre española que debería arraigar también en estos lares de acento hispano pero moralina del trabajo puritana, y me doy cuenta de que en realidad no he tenido ni un puñetero día de vacaciones en todo el verano. Pero eso no hace al caso de esta entrada donde, con dedos entumecidos por la falta de práctica, pretendo demostrarme a mí mismo que soy capaz de vencer esta tendencia innata mía a no hacer nada y que puedo cumplir el compromiso que yo mismo me impuse de mantener esta ventana de contacto abierta con el mundo. El bloguero se me antoja un ser narcisista que considera sus ocurrencias genialidades que merecen perpetuarse en el tiempo y difundirse por el ciberespacio como palabra divina que ha de inspirar a mujeres y hombres. También se me antoja un ser frustrado que no es capaz de hacerse oír ni por aquellos que tiene más a mano, por lo que le pide a extraños (quién sabe quién puede acabar leyendo las entradas) un poco de caridad auditiva (o lectora). Pero sobre todo se me hace un ser necesitado de escribir sus pensamientos para saber de verdad qué demonios piensa, tarea por otra parte nada fácil porque nos obliga a realizar un esfuerzo relfexivo que contradice, en mi caso al menos, esa tendencia a no hincarla que me caracteriza. Dicho de otro modo, me he pasado el verano sin ejercitar la neurona.
Pero el verano no ha transcurrido en balde. Son muchos los sucesos que han acontecido a este lado de la frontera con México y a ellos me iré refiriendo en los próximos días: la detención de "la Barbie", un hombreton hecho y derecho que a pesar de su nombre es (o era al menos) uno de los más temibles señores de la guerra del narco; o los setenta y tantos muertos al otro lado de la frontera, migrantes todos de Centroamérica o aún más lejos, que buscaban traspasar la línea del paraíso y se encontraron sin embargo con todo un ejército (y no de narcos precisamente) que sin reparo alguno se encargo de facilitarles la felicidad eterna. En fin, cosas de la frontera. Tengo que contarte también, lector amigo que ya te habrás olvidado de este blog, del curso sobre literatura y medio ambiente que estoy este semestre impartiendo. Y de la casa nueva desde donde escribo estas líneas frente a una piscina que, aunque de dimensiones modestas, me hace sentirme como en una playa caribeña.
Todo ello vendrá a este blog si la divina pereza, esa diosa que idolatro, tiene a bien dejarme unos ratos de actividad neurológica. Que así sea.
domingo, 5 de septiembre de 2010
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Animo, y a continuar con el blog.
ResponderEliminarEl regreso del verano, es duro para todos, pero llegara el equilibrio.
Un saludo
Muchas FELICIDADES.
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